Fuiste desafiante, y en cada petalo que me cubre inerte, advierto tu desoladora presencia.
Te dejaste caer como el rocio, cuyas deliciosas gotas mojaban mis labios en el momento menos pensado.
A veces me veo aferrda a frios barrotes, gritando tu nombre, como si nadie lo conociera.
Cuantas plegarias mas tendre que decir para dormir en paz?
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