Te he de llamar ausencia, porque me dejaste abatida sobre el lecho, donde me juraste, pupila con pupila, que jamas volarias.
Te he de llamar agua, porque escurriste por entre mis dedos y nunca, nadie, podra tenerte completamente.
Te he de llamar pecado, de esos que te condenan a arder infinitamenen sin perdon de Dios, por no arrepentirme y querer vivir en pecado.
Te he de llamar con voz negra, tan negra como una fosa abierta. Tan negra como las noches que me quedan por delante.
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