sábado, 17 de diciembre de 2011

Me turba la paciencia de esperar… me pierdo entre los miles de rostros que me pasan por delante minuto a minuto. ¿Qué secretos guardarán sus atormentadas almas?
La mía sobrevive como puede a la ausencia. Debería ser consigna universal que la ausencia venga ligada al olvido inmediato.
Vago entre tinieblas y un abismo que noche a noche me llama, pero que me niego a oír.
Esas voces me repiten uno a uno mis errores… ¿es un error amar el infinito? Tengo ganas de volver a fundirme entre tus brazos y tu pecho tibio, tus mirada ardiente y tus manos que me no mentían, aunque si lo hicieron tus palabras.
¡Qué celestiales horas entre el cielo y tú!
Nunca fuiste el mejor… pero me hiciste la mujer que soy. ¿Habrá sido esa tu función? Cuando explorabas cada uno de mis rincones, fuiste como un explorador que, aunque ya conocía el camino, anhelaba recorrerlo mil veces.
                      

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