Tuve que mirar mis manos una y otra vez a la luz de las estrellas, para darme cuenta de que estaban vacías. Algo secas.
Pero nunca estuvieron llenas… mucho menos de ti, que fuiste como la cola de un cometa que siempre me dejó sólo la estela.
Es triste ver el lecho frío y vacío, como si fuera un sepulcro que tuvo momentos de santidad. Tuvo luz y magia.
Hicimos música juntos, melodías que no abandonan mis oídos ni mi alma abatida porque el tiempo y tú decidieron apagar la llama que durante años avivaste como el mejor.
Nunca esperé más de lo que recibí, pero los amantes ya no están… quedamos en recuerdos que atormentan el lecho vacío.
¿Qué queda sin no tengo la pasión de tus besos intensos, que me hicieron probar la más sabrosas de las mieles?
Nos deleitamos con cajos de luna una y otra vez… qué delicia fue estar dentro y fuera de tus pensamientos.
Ahora, frío, uno que cala fuerte hasta los huesos… ¿será eso lo que duele?
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