Mi querido y deseado tomento. ¡Cuántos ríos de lágrimas vertí por tu alma libre!
Indomable, irrefrenable y exuberante. Torbellino de pasión y deseo que cambió mi apacible vida, por una deseosa de más de ti.
La soledad me invita a pensar una y mil veces en cada uno de nuestros momentos… me obligo al arrepentimiento, pero mi alma no se arrepiente. ¡Cómo renegar de la gran pasión de mi vida!
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