Vivo como prisionera entre tus recuerdos y la mujer en la que me transformaste. No me quejo del resultado; me quejo por ya no tenerte.
Volaste cometa de largas horas. El destino de tus alas serán otros brazos… los mismos brazos de siempre; esos que cambiabas por unas horas, porque nuestros cuerpos no sabían estar lejos el uno del otro.
Bastaba una sola mirada para saber qué, cómo y ahora. Qué deliciosa complicidad pueden construir dos seres que se desean hasta el punto de olvidarse del mundo.
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